Mi primera experiencia con el lush

Mi primera experiencia con el lush, espero que sea de su agrado y que los usuarios de su web lo aprecien.

Fuera hace calor, desde mi ventana puedo ver la playa, toda esa gente amontonada bajo el sol, que pereza. Me tumbo en la cama, pongo una peli y como siempre mis párpados empiezan a cerrarse.

Estoy a punto de caer en los brazos de Morfeo cuando suena el timbre, me levanto de un salto y voy a abrir la puerta. Un mensajero, al que no me importaría invitar a una cerveza, pronuncia mi nombre con voz ronca y yo, levanto los brazos con las manos extendidas sin pensar. Son las cuatro de la tarde, o no recibe mis señales o no está interesado. Firmo, cojo mi paquete y cierro de un portazo sin que me haya mirado ni una sola vez.

Cabreada, me siento en el sofá con el dichoso paquete encima de las piernas, entonces una sonrisa empieza a formase en mis labios, abro la caja y ahí está, mi Vibralush. Lo acaricio con un dedo, aún dentro de su caja, es suave, no muy grande y parece inofensivo.

Pienso en esas chicas de las webcams y en cuantas veces he creído que exageraban, con ese pensamiento lo cojo y aprieto el botón. Un grito de sorpresa se escapa de mi boca, sigo pulsando el botoncito, con cada pulsación va aumentando la potencia. Cuando llego al máximo siento un hormigueo en los dedos y sé, sin mirarme en un espejo, que una gran sonrisa cruza mi cara.

Conecto el cargador a ese pequeño ratoncillo rosa, cojo el móvil, busco su nombre y le escribo un mensaje. Podría estrenarlo yo sola, pero él siente tanta curiosidad como yo por saber si el lush logrará hacerme temblar de emoción, además, sé como reacciona mi cuerpo ante su presencia, simplemente con pensar que tomará el control noto ese calor y ansía en mi interior que hace que me estremezca. Sé que la espera merecerá la pena.

Decido respetar las instrucciones, por lo que paso tres horas tratando de entretenerme sin conseguirlo. Cojo un libro, lo ojeo y lo vuelvo a dejar, entro en yonkis, enciendo la televisión, pero la apago sin haber encontrado nada que llame mi atención. Cuando creo que me voy a volver loca, miro el reloj y corro a mi habitación.

Vuelvo a estar tumbada en la cama, nerviosa y excitada, tanto que mi nuevo juguete entra sin ninguna dificultad haciendo que jadee al sentirlo dentro. Cojo mi portátil, abro skype y hago la llamada que llevo toda la tarde deseando. Ya sabe a lo que vamos a jugar, por lo que cuando su cara aparece en la pantalla, ya tiene esa mirada que anula mi voluntad. Tardamos poco en abrir la aplicación de Lovense y enseguida recibo un mensaje solicitando mi permiso para cederle el control a Tío Calambres. No puedo evitar soltar una carcajada cuando leo su nombre e inmediatamente acepto gustosa.

Estoy tumbada boca abajo, charlando con él de cosas triviales, cuando, sin previo aviso, recibo la primera descarga, GUAU!!! Doy un respingo y mi cuerpo se tensa. Le oigo hacerme preguntas sobre lo que siento, pero yo he perdido la capacidad de hablar. Cuando el zumbido que siento en mi interior cesa, suelto todo el aire que he estado conteniendo. Levanto la vista hacia la pantalla y me recibe una cara sonriente y divertida, no puedo evitar sonreír yo también. Así, entre risas, vamos probando los distintos grados de intensidad.

De repente, noto como cambia algo en su mirada, en menos de un segundo, arqueo la espalda involuntariamente, mi culo cobra vida propia buscando una fricción que no encuentra y me agarro a las sábanas con fuerza. El lush está vibrando en mi interior a máxima potencia y es brutal e implacable.

Sin darme cuenta, tengo las rodillas clavadas en la cama me retuerzo deseando que no pare. Cuando me pide que me quite las bragas, no puedo negarme y obedezco. Pongo mis pulgares en la cintura y con manos temblorosas las bajo despacio, no me sorprende ver que están empapadas.

Sigo de rodillas en la cama cuando vuelve a la carga, mi mente se queda en blanco otra vez, no puedo pensar en nada, solo sentir. Sentir mi respiración agitada, sentir como me muerdo el labio, como mis manos se aferran a las sabanas hasta que mis nudillos se ponen blancos, como las gotas de sudor empiezan a deslizarse lentamente por mi cuerpo, como mis pezones están duros y sensibles.

En algún momento me dice que me de la vuelta, resoplo y me giro. Ahora estoy tumbada boca arriba, intento abrir las piernas lentamente, pero el ansía me puede y las abro de golpe. Escucho como inspira con fuerza y veo como le cambia la cara completamente, ya no hay rastro de curiosidad, solo queda deseo.

Saber que está así de cachondo me excita más. Mi mano derecha suelta la sábana que sujetaba fuertemente e inicia un recorrido por mi cadera, buscando el punto más caliente y húmedo de mi cuerpo. Cuando mi dedo corazón está a punto de llegar a su destino, un rotundo “no” suena desde el otro lado de la pantalla. Negando con la cabeza me dice que no puedo tocarme ahí, a regañadientes, le hago caso otra vez, es un mandón. Pero mis manos ya no pueden seguir quietas, empiezo a estar desesperada, las descargas no paran, alternando la intensidad, me tienen al borde del abismo. Así que cojo las copas del sujetador, tiro de ellas hacia abajo, dejando que mis pechos salgan de su prisión. Me pregunto como no los he liberado antes, entonces un calambrazo a máxima potencia me vuelve a dejar sin capacidad de raciocinio, dejándome claro el motivo.

La intensidad sube y baja, yo aprovecho los descensos para empezar a juguetear con mis pezones. Intento ir despacio, pero las vibraciones suaves cada vez son menos, por lo que, no tardo en lamer mis dedos y pellizcarlos con fuerza, imaginando que es su boca la que los mordisquea hasta alcanzar ese punto que roza el dolor.

No puedo evitar jadear con fuerza cuando recibo una descarga larga y potente, le pido, bueno más bien le suplico, que no baje la intensidad. Mi cuerpo está ardiendo y empapado en sudor, mis caderas se balancean adelante y atrás, gimo descontrolada mientras mis dedos estrujan con ímpetu esos pequeños botones de placer que coronan mis senos. Clavo los talones en la cama con fuerza, mi cuerpo se tensa por completo y siento como las oleadas de placer se apoderan de mi, consumiéndome por completo.

Y así, sabiendo que me está mirando, controlando mi placer, con el lush a máxima potencia dentro de mí. Me dejo arrastrar entre jadeos y espasmos por un orgasmo bestial… Tardo unos largos segundos en volver en mí. Lo hago con los ojos cerrados, empapada en sudor y notando como mi sexo arde y palpita.

Cuando recupero el aliento, abro los ojos, miro a la pantalla y sonrío ampliamente. Viendo su cara, me doy cuenta de que mi cuerpo ha expresado con claridad todo lo que estaba sintiendo y mi mente curiosa se reprocha no haber grabado todo esto.

Cuando creo que todo ha terminado, llega el momento de sacar el lush, pero, lo que en principio puede parecer sencillo, no lo es tanto. Ese condenado tiene la forma exacta y toca los lugares adecuados, por lo que, al tirar de él un poco, jadeo. Vuelvo a introducirlo, lo cual me provoca un estremecimiento. Él se ríe y noto otra descarga, le miro mal e intento sacarlo otra vez pero sigue vibrando, soy incapaz. No tengo muy claro si sollozo o gimo, normalmente no me costaría nada seguir, pero este bicho me ha tenido al límite durante mucho tiempo. Estoy agotada, ni mi cuerpo ni mi mente podrían resistirlo. Me armo de valor, lo saco y joder, tengo que cerrar los ojos, respirando hasta serenarme, ese tirón me ha puesto a punto otra vez.

No me pregunta si me ha gustado, no es necesario. Mis movimientos lentos, mi cara, está claro que ha sido increíble. Con los ojos entornados le pregunto si estará libre en una hora, suelta una carcajada, sabe que hablo en serio, que estoy conteniéndome para no seguir ahora mismo.

Creo que nos despedimos hasta dentro de un rato, pero no estoy segura, estoy agotada. Estiro el brazo, abro spotify y pongo mi lista. Sonrío una vez más, suena esa canción, cierro los ojos y más que satisfecha, me duermo.