CMdJJ: CAIDA Y VICTORIA

Soy de los que piensa que la única forma de ser molón es siendo fiel a uno mismo. Nunca tratar de epatar con códigos compartidos preestablecidos. Ser, vestir, opinar y vivir como te da la gana. En definitiva, ser libre. Sin embargo no es fácil, y todos vivimos bajo el yugo del ideario de los tiempos que nos toca vivir. Y en este tiempo, el peso que cargamos sobre nuestras espaldas es producto del mayor de nuestros anhelos, y es la idea de que para ser felices debemos tener éxito. Hoy en CMdJJ desmontamos la gran mentira.

Durante mi viaje a Berlin la semana pasada, mi chica y yo decidimos acudir al mercado de Mauenpark. Como ambos somos bastante bohemios (por no decir pobres que aspiran a vivir como burgueses) a veces robamos cositas así sin importancia. Pero cuando alguien nos cae muy bien, le compramos lo que haga falta por el dinero que nos pida, como de hecho hicimos con una hippy alemana muy yerbas que vendía amuletos. El caso es que entre las baratijas del pasado amontonadas sobre contrachapados, vimos una foto muy antigua de una chica alemana sosteniendo un gatito. Pensamos en que ese objeto tendría mucho valor para alguien que quizá ya no existía; de la misma forma que nosotros acumulamos otros que mas allá de su valor material, en ocasiones van cargados de un significado profundo que solo es nuestro. Decidimos llevárnosla sin pagar el euro que pedían, ya que algo que tiene un valor incalculable no debe ser materia de regateo de ningún tipo.

La historia que os cuento esta semana empieza en otro mercadillo de baratijas en 2007. En esta ocasión quien bucea entre recuerdos amontonados que se venden a precio de saldo se llama John Maloof, quien compra una caja con mas de 100.000 negativos sin revelar por 340 dólares provenientes de un trastero en abandono de algún lugar en Illinois.

John revela algunas fotos esperando poder documentarse sobre la ciudad de Chicago. Enseguida se da cuenta, por el estilo y modelo de cámara empleada, que todas esas fotos han sido disparadas por la misma persona. Poco a poco va revelando fotos e inspirado por el estilo de estas, empieza a reconstruir las piezas de la persona tras la cámara, que se va dibujando a partir de retratos y escenas cotidianas de la vida de Chicago a través de varias décadas llenas de fuerza y belleza y que alimentan cada vez más su curiosidad. John decide pedir ayuda a grandes y pequeños museos históricos del país para poder costear el revelado de semejante archivo. Una a una, John va recibiendo la negativa de todos ellos. A nadie parece importarle quien está detrás de la pequeña muestra que se les ha enviado. Entonces es cuando John toma la decisión de ir por libre y hacer lo que siente que tiene que hacer a pesar del disparate de la propuesta: Utilizará sus propios recursos, ordenará los 100.000 negativos y los revelará el mismo absolutamente TODOS. Pero antes de seguir con lo que viene a continuación pongámosle a lo que queda de historia una banda sonora apropiada. Algo local y de la época le ira bien.

John se despide de su trabajo previo y se sume en una obsesión frenética por descubrir quien se esconde tras el objetivo de esa cámara Rolleiflex de la que revela varios miles de negativos a lo largo de los meses siguientes. Un historiador de fotografía se une a la búsqueda atraído por la magia de las fotografías que John revela sin descanso y algo más tarde, una pista les lleva hasta una tienda de consumibles fotográficos de Chicago llamada Central Camera.

Gracias a que el negativo usado en la mayoría de las fotos era de importación, consiguen dar con una referencia de compra y con una dirección registrada para un envío. Esta nueva pista les lleva hasta la casa de la familia Gensburg, que tras su visita entregan a John una caja con mas negativos y objetos personales que iban a tirar. Estos habían pertenecido a la niñera que hacia 40 años había vivido allí al cuidado de los niños de la casa. La familia se despidió de John sin tener ni la más remota idea de que esas fotos iban a ir directas a empapelar del suelo al techo cada rincón del mismísimo MoMa de Nueva York. Su nombre, en el reverso de la única foto que no había disparado ella misma y que mostraba un rostro femenino con la mirada de las mil millas: Vivian Maier.

Vivian había muerto en un asilo tan solo dos días antes de que John comenzara su gran búsqueda, cuyo resultado no ha parado de dar la vuelta al mundo desde que este chico decidiera que ese material debía ser visto. Quizá alguien pueda llegar asentir lástima de Vivian por aquello de no haber conocido el éxito por su trabajo. Pero algo me dice que esa chica que vivió toda su vida durmiendo y comiendo bajo el techo de las personas para las que trabajaba, respirando el éxito de familias adineradas a las que no pertenecía y cuidando los hijos que ella nunca llego a tener, tenia una relación muy sana con la enfermedad del éxito. Y la canalizó viviendo su vida sin rencor en algo tan intimo como es la visión particular que cada uno de nosotros tenemos del mundo. Algo me dice que esas fotos las hacía solo para ella y que las almacenó sabiendo que serían la única huella de su paso por el mundo. Pero resulta que finalmente un joven llamado John decidió rescatarlas de su condena al olvido.

El lunes, al llegar a casa desde el aeropuerto, corté el borde del marco del retrato de nuestra misteriosa chica alemana esperando dar con algún dato, un nombre, una fecha o un lugar. Quería marcarme un John Maloof o a malas un Misterioso asesinato en Berlin…pero no había nada. Esta claro que no puedo esperar descubrir una apasionante historia que me lleve a resolver un gran misterio así por que sí; pero aunque mi casa no es el MoMa de NY, es un hogar, y me siento feliz de haber rescatado a alguien al borde del olvido que como mínimo sé que una vez tuvo un nombre y un gato. Y espero que dentro de 50 años, (o de 20… :S) cuando nuestras cosas no sean mas que basura, también nos rescaten y nos den un nuevo hogar donde alguien al menos llegue a preguntarse quienes fuimos.

Os dejo con una canción del genial Bill Fay, que también fue rescatada del olvido décadas después de ser grabada; pero es ya es otra historia.

Toallin: Hola JJ, me llamo Toallín y soy una toalla. Enhorabuena por tu sección, me encanta, la sigo desde niño. Tengo una pregunta un tanto controvertida que puede generar p**émica pero creo que es necesario hacerla y dejar claro de una vez por todas qué clase de persona eres, de conocerte en esencia y ver cuanta molonidad hay en ti realmente, de ver a JJaimer al desnudo (no literalmente por favor). Lanzo pues mi pregunta; La pizza con piña, ¿a favor o en contra?

Hola Toallin, pues la verdad es que intentando razonar la respuesta a tu pregunta me he encontrado con pensamientos aterradores. Por una parte intento no caer en el mal gusto y valorar lo tradicional y auténtico, pero por otro lado tampoco creo en poner límites a la creatividad y los gustos. Luego he pensado que comer pizza con piña y creer con ello que estas desafiando a lo establecido es algo así como votar a Ciudadanos, que todo el mundo sabe que es el partido al que votaría Ned Flanders si fuera español. La verdad es que no se que decirte pero te recomiendo que pruebes las pizzas argentinas de Picsa en la calle Ponzano de Madrid. Tienen lo mejor de la pizza italiana y americana y ninguno de sus inconvenientes. Con o sin piña.

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PacoJones: Voy a ser brutalmente honesto, toda la mierda que traes semana tras semana, es eso, una mierda con tintes de postureo. Puedo entender que te guste y que le guste a un grupo de gente, pero no lo vendas como si fuera Ciudadano Kane o Casablanca.

Hola PC, gracias por el apunte PC pero si tuviera que vender las dos películas que mencionas las tendría que colocar en el mismo estante que el Lorazepam y el Nesquik dulces sueños.

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giP: Hola JJ, de entre muchas de las perlas que lanzas en los comentarios de la web hay una que retumba en mi cabeza. Aquello del petting en tu época de colegial con gente de tu mismo sexo, puntualizando que lo hacíais con ropa… Donde crees que está el límite NO HOMO?

Hola giP; me alegra que me hagas esta pregunta porque a muchos lectores de la web les preocupa el hecho de que puedan estar presuponiendo una heterosexualidad que en realidad no les acompaña. Yo diría que los límites de lo NO HOMO están sobre la línea que pisan Sylvester Stallone y Kurt Russell en la escena en la ducha de Tango y Cash.

Centímetro atrás bien; centímetro adelante mariconismo. Espero que esto aclare tus dudas.

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Hasta la próxima semana con mas cosas Molonas.