TEÓFILO EN LA RED

 

Cualquier excusa es buena para empezar a navegar por la red si es que uno todavía no está familiarizado con este medio. En el caso de Teófilo, camarero de un bingo, de cincuenta y un años, lo hizo para poner cachondo a un chico de diecinueve que había descubierto en una página de contactos de internet. No me malinterpretéis, Teófilo no es una maricona. Está casado, tiene dos hijos, es socio del Rayo y cuando tenía más sangre en las venas perteneció al comité de organización de festejos de su barrio y hasta se iba de putas. Teófilo es un marica tardío e incipiente, tanto que en muchos aspectos ni se le puede considerar como tal. Hasta hace poco no se había hecho ni una sola paja pensando en otro tío, y su homosexualidad se limitaba a ponerse de mala hostia cada vez que veía algún niñato buenorro por la calle.

Su mujer se llama Mari Carmen y tiene cuarenta y ocho años, su hijo mayor, Jorge, dieciocho, y la pequeña, Desiré, quince. Los tres fliparon cuando Teófilo anunció que había comprado un ordenador y que esa misma tarde venían a instalarlo con internet y todo. Sin saberlo, se había pasado toda su vida allanando el terreno para cuando llegara un momento así, porque su progresiva pérdida de interés por los suyos y por la vida en general había ido narcotizando el hábito de comunicación entre los miembros de la familia. Ninguno de los tres se sintió ni con el derecho ni con la obligación de preguntar nada, y aunque el hecho no podía ser más intrigante, Teófilo sabía que no había ninguna necesidad de justificarse, de modo que no lo hizo.

Una semana atrás, Teófilo había recibido una llamada de su jefe pidiéndole que se metiera en el ordenador de la oficina para reservarle dos billetes de Talgo para él y su novia. Estaba en el tanatorio porque se había matado un sobrino suyo y tendría que quedarse ahí hasta la madrugada, pero no estaba dispuesto a sacrificar su fin de semana en Jávea por nada del mundo. "Yo no tengo ni puta idea ni de cómo se enciende eso." No era una mala coartada pero no le sirvió de mucho, porque su jefe le explicó cómo llegar hasta Yahoo y le abandonó navegando a la deriva con la amenaza de que, si no conseguía reservar esos billetes, tendría que aguantarle las dos noches del fin de semana de un humor muy chungo.

Y no iba de palo, se pasó las dos noches puteándole a saco. Para colmo de males, Teófilo no paró de darle motivos. Estaba como apollardado, y con razón. Uno no se da cuenta todos los días de que es marica. La noche del velatorio, Teófilo fue incapaz de encontrar la puta página de Renfe, pero sí logró acceder por medio de un banner a una web de contactos, www.soylacaña.com. No era una página guarra, estaba llena de fotos de personas normales y tenía un sistema de votación para que los visitantes dieran una puntuación a cada uno según lo buenos que estuvieran. Aunque abundaba el niñaterío, había gente de todas las edades, y algunos tenían un aspecto tan lamentable como el suyo. Cuando estaba a punto de aburrirse y apagar, llegó a Rober81. Su puntuación media era 8.79.

"-[eSa PiBiTaS!!!!!]- aki un xaval de madri majete buen colega i muuuuuuuuui fiextero!!!!!!!!!!! venga un beso." Esta frase y una foto borrosa eran la tarjeta de presentación de Rober81. Era un plano por la cintura en el que aparecía sin camiseta con los dos brazos extendidos, mostrando los dedos índice y corazón de cada mano en señal de victoria. Rober81 no estaba más bueno que miles de chicos que veía a diario por la calle, pero por alguna casualidad caprichosa, el sino quiso que fuese él quien despertara en Teófilo la conciencia de su homosexualidad. Algo en esa imagen tenía la energía suficiente como para atravesar el filtro accidental de una foto desenfocada, penetrar en su retina y alcanzar una adormilada región de su cerebro, que vibró como si estuviera ante el primer estímulo sexual que recibía.

Hasta ese momento, Teófilo no había podido ni sospechar su nueva condición, porque cada vez que se cruzaba con algún niñato macizorro su organismo no reaccionaba con deseo, sino con rencor. Este rencor no era fruto de los trastornos que su nueva sexualidad podría traerle en el futuro, ya que ni siquiera era consciente de ella, sino de la frustración que le producía no poder follárselo. El coco llega a veces a conclusiones a nuestras espaldas y obra en consecuencia sin pedirnos permiso. Pero con Rober81, el cabreo se convirtió en arrebato. Perdió la noción del tiempo que se tiró mirando su foto, y cuando quiso darse cuenta se sorprendió onirizando, recorriendo el canalillo de vello que bajaba desde su ombligo e intentando recordar cómo olía él a esa edad. No hay marcha atrás después de una cosa así. La evidencia emergía para abofetear su acartonado careto.

"Creo que sería bueno que el martes, que no habrá mucho jaleo, me des unas clases de internet como Dios manda para que no vuelva a pasar lo del otro día." Teófilo estaba poniendo en marcha un plan que todavía no tenía esqueleto, pero cuyo primer paso ya estaba decidido. Si se iba a dejar ciento cincuenta mil pesetas en un trasto, qué menos que aprender a manejarlo. El jefe de barra le respondió que no tenía ninguna intención de volver a confiarle nada relacionado con internet y que no haría falta perder ese tiempo, pero Teófilo sabía que las tardes de martes son aburridas y que el gerente las aprovechaba para pasarse a fichar, de manera que su jefe no podría huir del bingo y tendría que quedarse hasta el cierre inventando maneras de pasar el rato.

Teófilo pasó esos días inquieto, autoanalizándose. Aún no estaba convencido de ser marica; la foto de Rober81 no le había provocado ninguna erección y ni se le pasaba por la cabeza masturbarse recordándola, pero tampoco conseguía olvidarse de ella. Esto le llevó a pensar en los silenciosos mosqueos que llevaba años padeciendo. Ahora que había conseguido identificarlos se percataba de lo graves que eran. No sólo era maricón, también era un amargado. Los anhelos siempre terminan avinagrando el alma. Nadie podría haberse dado cuenta de estas convulsiones internas, porque si hay algo que a Teófilo se le da bien es aparentar seguridad. Su cara, forrada por una especie de cuero flácido, es capaz de sepultar cualquier vestigio de sentimiento, hasta el punto de que incluso su familia terminó convencida de que era imposible que tuviese alguno.

Cuando Teófilo comenzó a navegar con su propio ordenador sabía todo lo que necesitaba para sacarle partido. Rober81 no se había movido, aunque su puntuación había bajado un poco: 8.40. Descubrió que si pinchaba sobre la imagen podía acceder a su buzón de mensajes. Tenía bastante correspondencia, las niñas de hoy en día no debían tener mal gusto. "Me molas mazo!!!", reconocía una tal Shirly. "tu paras por la family no tio????", esa era KATY-K. "kieN Te PiLLaRa KaPuLLo!!!", exclamaba una descocada GaTiUsKa. Rober81 respondía a cada uno de estos mensajes con lacónicos agradecimientos. Su tono era una mezcla entre el halago y la decepción.

Teófilo se sintió irritado por aquel enjambre de pánfilas. Él jamás tendría huevos para perturbar ese remanso de virtud con unos mensajes tan estúpidos, aunque olvidaba que ellas también serían jóvenes y probablemente estarían buenas. Al chico no tendrían por qué molestarle porque seguramente él sería igual de zafio. Por otra parte, él podía permitirse ese lujo y cualquier otro. Tenía el don que Teófilo más apreciaba, y no necesitaba nada más para justificar su existencia. Además, ni que él se hubiera pasado sus últimos años cultivando una vastísima vida interior. ¿Sería capaz ahora de impresionarle si lo hubiera hecho?

Se paró a meditar, ¿cómo reaccionaría Rober81 ante un poco de sentido común?, y tecleó: "Me encantan tus sobacos. Daría la vida por comértelos." La máquina no le dejaba colgarlo sin una firma. ¿De quién le gustaría recibir un mensaje como ese? Obviamente, no del sapo repugnante en el que se había convertido, pero tampoco quería imitar a las niñatas gilipollas que profanaban su buzón. Rober parecía acostumbrado a ese tipo de chicas, y a juzgar por sus respuestas, no debían entusiasmarle. La supuesta autora no podía tener nada que ver con ellas. Tendría que ser menos inmadura, más decidida y muy sexual, pero sin perder la candidez de la adolescencia. Si no, Rober81 no sintonizaría con ella. Así nació Foxxy69.

Habitualmente, Teófilo salía de trabajar a las dos de la madrugada, las tres en fin de semana, y tardaba veinte minutos en caminar hasta casa. Era raro que no se cruzara en el camino con alguno de esos chavales que conseguían cambiarle el humor. Ahora que empezaba a conocerse, se daba cuenta de la importancia que siempre había tenido para él el aspecto físico. Casi sentía odio por la gente fea o anodina, algo que le incluía a él, pero por otra parte, los que conseguían evitar su desprecio le hacían sentirse tan ansioso que sus contactos con ellos, si es que la situación los hacía procedentes, eran bastante hostiles. Por lo menos, ahora podía dar por hecho que estaba en condiciones de odiar a todo el mundo: a los feos, a los guapos, y a sí mismo, por viejo y gordo.

Cuando llegaba a casa todos dormían. Rober81 había respondido. Parecía que Teófilo había dado en el clavo, esta vez el chico se había estirado más que nunca. "hola foxxy. que me kieres comer el k????? JAJAJAJAJA nunca me abian dicho eso- no tienes foto? subete una i hablamos." El suyo no era el único mensaje, Shirly también se había animado: "pues no es guarra la piba esta q le kiere comer los sobacos!!!!". Ya le habría extrañado que su estilo epistolar pasara desapercibido entre tanta soplapollas. Por alusiones, Foxxy69 saltó al ruedo: "Pues sí, mona, y el culo y los huevos y la polla y el periné. ¿Sabes lo que es el periné?". Después pensó que igual a Rober no le gustaría leer eso e intentó borrarlo, pero ya era tarde.

Tenía que ponerle cara a Foxxy69. Se había percatado de que muchos usuarios de la página se hacían pasar por modelos, famosos, o actores y actrices porno, con fotografías de estudio, bien iluminadas y retocadas con photoshop. Teófilo no se explicaba cómo podían ser tan burdos. Él, desde luego, se lo pensaba currar mucho más. Foxxy69 tenía que ser irresistible, pero también creíble. No podía coger una foto de otra chica de la página o correría el riesgo de ser descubierto. Volvió a Yahoo, tecleó 'niñatas' y se pasó toda la noche mirando pornografía hasta que encontró a una que le pareció perfecta.

Supuestamente era rusa, pero no tenía un aspecto demasiado exótico. Era la primera foto de una galería en la que la chiquilla terminaba metiéndose un joystick por el coño, aunque en la imagen que eligió todavía estaba vestida. Llevaba mayas blancas y ceñidas que le transparentaban el hilo del tanga, una camisita ridícula que comprimía un insultante par de brevas y una mirada de golfa innata, no fingida. Ni la luz, ni la habitación en la que estaba, ni su pose insinuaban ningún tipo de montaje o de profesionalidad. Ahora necesitaba una tarjeta de presentación. "Hola. Quiero conocer chicos guapos, morenos y que sepan lo que quieren. Yo tengo las cosas claras ¿y tú?".
Se quedó pensando si su saludo no estaría demasiado bien redactado, aunque llegó a la conclusión de que si quería destacar sobre el resto de las usuarias tendría que hacerlo en todos los sentidos. A continuación, envió un mensaje a Rober, "Aquí me tienes", y se fue a dormir.

Una semana más tarde le tenía comiendo de su mano. Teófilo había acertado plenamente, era todo cuanto el chico buscaba. No sólo estaba buena, sino que además hacía gala de una precoz madurez sexual sin que ello provocara en Rober la menor sensación de inseguridad o desventaja. Foxxy era diferente de cualquier otra chica porque siempre pensaba igual que él. Es verdad que apenas hablaban de otra cosa que no fuera sexo, pero si accidentalmente se colaba algún otro tema en sus conversaciones, ella siempre conseguía fascinarle con sorprendentes conocimientos que sazonaba con pinceladas de humor cafre y corrosivo.

Pronto abandonaron el humilde foro de soylacaña.com para empezar a chatear. Rober insistía en quedar desde el primer momento, pero Teófilo sabía que nunca estarían más cerca de lo que les permitiera el messenger, y ya se estaba exponiendo bastante, porque una conversación a tiempo real no le permitía meditar sus respuestas como a él le gustaba. La única vez que Foxxy sonó infantil fue cuando tuvo que negarse, sin ningún argumento decente, a llamarle por teléfono para que, por lo menos, pudieran escucharse la voz. Tampoco pudo contentarle con algunas fotos nuevas porque no recordaba como llegó hasta la página de la golfilla del joystick.

Todas estas negativas eran suficientes para aburrir a cualquiera, de manera que Foxxy tenía que esmerarse cada día por ser extra complaciente, camarada y seductora. A Rober le parecía milagroso que existiera una chica con una perspectiva de la vida tan cercana a la suya, y le abrió su alma. Teófilo no dudó en zambullirse en ella, profanando un templo al que había sido amablemente invitado, pero en el que sería linchado como un blasfemo si fuera descubierto, a pesar de no haber nadie más devoto ni más necesitado de redención que él. ¡Cómo podría imaginar aquel muchacho el misticismo que podía llegar a inspirar!

Teófilo se estaba acomodando a esta situación, pero el chico no tardó en impacientarse, y una noche se decidió a dar un paso que tendría que acelerar las cosas definitivamente o joderlas para siempre. 'oye foxxy te voy a decir una cosa pero si no te mosqueas ok?', 'el que?'. 'me estoi haciendo una paja'. Rober era incapaz de calcular el efecto que iban a tener estas palabras. Si Teófilo aún necesitaba algún tipo de confirmación a cerca de su homosexualidad, la tuvo en ese momento. Acababa de descubrir que podía despertar el mismo anhelo que él sentía en el objeto de su deseo, y eso se la puso gorda. A partir de esa noche no podría seguir autoengañándose con el cuento de que nunca se la había machacado pensando en otro tío. Terminó tan rápido que Rober casi no notó la pausa, se limpió las manos con la bata y tecleó trémulamente: 'no no me mosqueo".

Pero Teófilo mentía. Después de aquello su rencor volvió más tenaz que nunca. Era un odio sordo, acentuando con el trato y la proximidad. No servía de nada que le abrieran las puertas del cielo estando encadenado a la verja. La veneración que el chico le profesaba no sería nada comparada con la náusea que sentiría si supiera con quien estaba realmente hablando. Saldría a buscarle y no pararía hasta hundirle su calva a patadas, sin querer recordar que la chica que tanto amó todavía vivía dentro. Era una paradoja demasiado cruel como para ignorarla.

A la noche siguiente, había novedades en la vida de Foxxy. Tenía que decirle una cosa súper guay y súper importante. La muy zorra se había echado novio. Así, sin comerlo ni beberlo. Rober81 no había oído nada de él porque, al parecer, ella pensaba que si se hablaba de los deseos antes de cumplirse, se gafaban. 'eso quiere decir que ya no vamos a chatear mas?'. 'no, pero ya me tenías medio convencida para quedar y no va a poder ser'. Este fue el primero de los dos errores que Teófilo iba a cometer. Foxxy se había pasado dos semanas presumiendo de unos planteamientos sobre la pareja y la fidelidad que al chico le parecieron inauditos en una tía de su edad. Para ella, una pareja no era más que uno de los muchos amantes que podía tener en su agenda, pero con el que compartía una afinidad especial. Tanto había alardeado de eso que ahora resultaba inverosímil que ningún otro maromo, por muy bien que follase, pudiera cambiar unas convicciones tan sólidas en tan poco tiempo. 'sabes k t digo? k kreo k no tienes novio i k lo dices para putearme'.

Teófilo se puso nervioso. No quería perder al chico por nada del mundo, pero tampoco podía rectificar. Tendría que demostrarle que ese novio existía o Rober81 comenzaría a cuestionarlo todo. Podría ponerse a buscar un novio digno de Foxxy de la misma manera que la encontró a ella, pero le daba miedo ensuciar la memoria de su ordenador con rastros de pornografía gay, y menos ahora que se había descubierto que Jorge también se metía cuando él no estaba. ¿Existía alguna posibilidad, aunque fuera muy improbable, de que su hijo pudiese delatarle? No sabía hasta dónde llegaban sus conocimientos en informática y, qué coño, apenas le conocía. No podía asegurar que no le hubiera estado investigando.

Jorge se había creado una carpeta. A ver si el hijo de puta pensaba que había comprado el ordenador para él. Dentro había dos clips de audio de Limp Bizkit, un trailer de 'Matrix 2' y tres fotos de él y sus colegas en una acampada veraniega. Parecían borrachos. En una de ellas, Jorge salía secándose al fuego tras haber sido empujado a un río. Estaba en gayumbos. Teófilo sintió un aviso de alerta desde lo más profundo de su consciencia y estuvo a punto de abortar la operación, pero al final optó por disfrazar el momento de frío análisis técnico para evitar riesgos que pudiera lamentar más tarde. Bastante malo era ser marica como para, además, obsesionarse con un incesto.

Lo cierto es que Jorge no tenía nada que envidiar a Rober. Su estómago era igual de terso, sus pectorales se fundían en sus hombros con la misma armonía y su mirada desprendía el mismo fulgor insolente. Y se daba cuenta ahora. Si los viera caminando juntos por la calle, pensaría que eran dignos el uno del otro, y por descontado, era más que digno de la putita rusa. ¿Sería esa la razón por la que había eludido cualquier demostración de afecto por su parte durante los últimos años? No era una idea sensata la de publicar la foto de su hijo en internet. Podría enviarla directamente al correo de Rober, pero resultaría más creíble si éste pensaba que siempre había estado ahí colgada.

Segundo error, aunque esta vez no llegó a darse tiempo para lamentarlo porque su cerebro, virtuoso en el arte de la autonegación, consiguió encontrar una pronta vía de escape que le ayudó a esquivar un nuevo trauma. Resultó que Rober conocía a Jorge, y al parecer, le hacía mucha gracia que su nombre en la red fuera 'fuckman'. Tenía amigos en su instituto, y si había llegado hasta su conocimiento la existencia de ese chico no era precisamente por lo mucho que follaba, sino por sus mamadas. Los rumores aseguraban que le habían pillado comiéndole la polla a un menda en los vestuarios. Después de aquello, su fama se hizo tan notoria que le costaba creer que Foxxy no supiera nada del tema.

'se k crees k lo digo por joder pero no. me jode k t allas enterado asi. ademas si el notas esta saliendo contigo a lo mejor era todo una bola. la peña tiene muy mala ostia'. Teófilo se levantó sin apagar el equipo, fue a la habitación de Jorge y le arrastró fuera de la cama agarrándole por el pelo. Le estuvo pegando patadas en el suelo hasta que el muchacho, más ágil que su padre, consiguió zafarse y huir del piso profiriendo alaridos. Fue duro para Mari Carmen, que no pudo encontrar argumentos para rebatir los de su marido. Era lógico que no quisiera mantener en su casa a un maricón.

 



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