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Pero antes de nada, debo advertir al lector sobre lo que se va a encontrar
a continuación, porque si es de los que se afanan cada día
por llevar una vida gay
friendly con granítica convicción, puede sentirse
desencantado al conocer la verdadera naturaleza de esas criaturillas tan
pintorescas que tanto decoran en sus chill outs caseros. Ánimo,
siempre queda la posibilidad de que tus compañeros de la Escuela
de Artes y Oficios no simpaticen en absoluto con este sórdido microcosmos.
Pero, si por el contrario, el que lee es un irredento homófobo,
que se quema la espalda en la playa por no permitir que alguno de sus
colegas le extienda la crema y que cambia de cadena con los anuncios de
Coolwater, ha dado con el sitio adecuado. Los argumentos que me dispongo
a exponer sin duda le harán reafirmarse, y se alegrará por
haber sido concebido en una noche en la que los astros eran favorables
para la procreación heterosexual.
Que los maricas
son promiscuos es algo más que un tópico. Al fin y al cabo
no tienen que lidiar con la enervante circunstancia femenina, y pueden pasarse
por el forro esos lastres morales y sociales que obligan a las hembras a
dosificarse con el sexo. Tengo la sospecha de que el cinturón de
castidad no se abolió hasta que tal instrumento se había abstractualizado,
inoculado y anquilosado en el psique femenino. Y esta maldición se
hizo extensiva también al hombre, ya que le convirtió en el
daño colateral de esta sofronización colectiva. Muchas lectoras
dirán que eso es algo que se va perdiendo, que no se puede generalizar
y que ahora están mucho más liberadas y tal. Pero no lo estarán
del todo hasta que no llegue el día en el que existan los cuartos
oscuros mixtos. A ver, chavalotes: ¿Os molaría una discoteca
en la que las tías se quedaran en tetas para follar con vosotros
sin pedir nada a cambio y siendo ellas las que entran? Pues joderos porque
no existe.
Y
ahora que ya os caigo mejor, procedo con el tema.
Los cuartos oscuros resultan atractivos y repugnantes a partes iguales.
No hay nada más eficaz y rápido para sofocar el eventual
calentón, pudiendo considerarse una ventaja y una bendición
en este sentido, pero debido a su fisionomía y a la inquietante
fauna que acostumbra a reunirse en ellos representan uno de los más
siniestros productos de la civilización moderna. |
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Los
hay de todas las tallas, desplegando un espectro de tamaños
que comprende desde el tipo "armario para fregona" hasta
el "parque temático", con áreas especializadas
incluso, aunque estos últimos no abundan en España.
Suelen estar pintados de negro por aquello de no atentar contra
el concepto, y por lo general, no son más que cuartos pobremente
acondicionados para que te las arregles como puedas.
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| La
mayoría tienen dos zonas: Una o varias habitaciones austeras
como un calabozo turco, que es donde realmente no hay nada de luz,
en las que, como mucho, solo encontramos algún banco empotrado,
y otra con cabinas de unos dos metros cuadrados con pestillos que
suelen estar vencidos, algo que no importa, porque en tan reducido
espacio y con el suelo cubierto de corridas a nadie le da por tumbarse
cual bucólica zagala, de manera que cualquiera de los dos copulantes
pueden apoyarse sobre ella, manteniendo así al margen posibles
injerencias que pudieran atentar contra la privacidad de tan impúdico
acto, tarea que pueden compartir ambos amantes mientras lo perpetran. |
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Pero
lo que más sorprende al iniciante es la presencia en estas
cabinas de un urinario o un retrete que, para más guasa, está
operativo. Al parecer, los inspectores de sanidad no alcanzan a entender
el sentido de estos cuartitos si no es para evacuar (cosa para la
que, en efecto, se utilizan), y si no se desea el precinto del garito
hay que instalarlos en cada uno de ellos. Especialmente desafortunados
son los locales que iluminan estas cabinas con luz negra, puesto que
crea un efecto delator sobre cualquier mancha blanca y evidencia corridas
que, a pesar de haber sido limpiadas, pueden llevar ahí varios
lustros. |
| En
el cuarto oscuro más grande de Madrid existen veintiún
retretes, uno detrás del otro, separados por láminas
de contrachapado y adosados a los cuatro tabiques de un gran sótano.
En el centro de la habitación hay una especie de mini laberinto,
si se le puede llamar así. No es fácil olvidar la sensación
que se tiene al recorrer por primera vez el pasillo en forma de cuadrado
que forman las puertas de las cabinas y las paredes del laberinto,
con los usuarios de esa noche apoyados a ambos lados, escudriñándose
y exhibiendo su género como en una feria de ganado. |
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Pero si buscamos
gótico contemporáneo sólo hay que avanzar unos pocos
metros más, hacia el verdadero cuarto oscuro, con su espectral
baile de los mecheros. La gente de bien acude a ellos para un primer contacto
y arrastran a su presa hacia alguna de las cabinas. Los que no tienen
nada que perder y los exhibicionistas se quedan ahí toda la noche,
a la vista de los voyeurs que se equipan con mecheros para observar las
escenas se les regala, y conformándose con ellas a falta de poder
protagonizar alguna. Cuando se pone hasta la bandera es difícil
llegar a ver algo. Como mucho, un tumulto de cabezas alrededor de una
felación compitiendo por un hueco por el que meterse, y diversos
puntos de luz que, ora brotan, ora se extinguen, confiriendo a la escena
una siniestra perspectiva cambiante que descubre rostros inexpresivos,
rebosantes de abyección y ansia. Todo el mundo habla con susurros,
lo que imprime un cierto aire sacramental, y si algún sonido logra
imponerse es un jadeo, una succión o una palmada.
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Pero
lo más espeluznante está aún por llegar: La decoración
de la zona donde la gente no folla. Y es que estos sitios también
tienen su barra, su cabina y su pista para que pueda bailotear alguna
tonta autosuficiente. Sin ceñirme a ningún local en
concreto, me vienen a la memoria elementos como una réplica
de El Discóbolo cubierto por una fina capa de gotelé
bicolor, tules morados y verdes engalanando los estantes de las botellas,
baldosas negras y blancas que dibujan un tablero de ajedrez, o un
florero de tres cuartas con motivos pastoriles engullendo una cornucopia
de espigas secas y tulipanes de tela aderezados con un poquito más
de tul. De color lila, en este caso. Los empleados del local, generalmente
andróginas pizpiretas de provincia que huyen a Madrid para
poder mariconear a sus anchas, son implacables con la Navidad y Halloween,
y gustan de manufacturar para estas fechas ornamentos ad-hoc con mejor
voluntad que presupuesto, en donde tampoco suelen faltar los tules
de colores. |
| La
atmósfera está permanentemente presidida por un plomizo
desinfectante industrial perfumado con una fragancia artificial y
dulzona. La ventilación del local lo expulsa hacia el exterior
e inunda la calle con su aroma a insalubre desinfección. |
La música es impredecible dentro una gama de posibilidades: Dance,
progressive y/o House actual del más evidente y comercial que haya,
techno pop de los ochenta (Yazoo, Erasure, Comunards), pop de todos los
tiempos (Europe, CC Catch, Jason Donovan), chochipop actual (Malú,
Paulina Rubio, Melody), o chochipop de todos los tiempos, pudiendo llegar
a ser exageradamente rebuscados en este caso. Como ejemplo, valga decir
que una de las últimas veces que estuve en uno de estos sitios
pude escuchar "Bravo Samurai", canción que interpretó
Vicki Larraz en un festival de la OTI a finales de los ochenta y que fue
recibida con júbilo por el jurado hondureño.
Un desglose
de los diferentes tipos de usuarios que frecuentan estos lugares no es
una tarea sencilla y daría suficiente material como para unos cuantos
artículos más. Como característica general habría
que destacar la mediocridad, y estoy hablando de una mediocridad exclusivamente
física, no moral o intelectual. Parto de la base de que, como usuario
que soy, no creo que alternar en estos antros tenga que influir en el
nivel moral de nadie. Sin embargo, el que vaya pensando encontrar un desfile
de maromos como los que gustan a Jose Luis Moreno ya puede irse desengañando.
Alguno puede caer, pero predominan, y de qué manera, el manolito
que podría ser tu padre y la locaza que podría ser tu madre.
Esta son las familias más representativas:
| ·
Los Abonados: Los Abonados son esos individuos que no fallan nunca,
con los que hasta el usuario más ocasional coincide siempre,
y pueden verse incluso en las noches más intempestivas, como
una madrugada de martes o una Nochebuena. |
| Pueden
ser viejos o jóvenes, auténticos impresentables o muchachos
relativamente apetecibles con los que casi cualquiera aceptaría
un escarceo en caso de ignorar su preocupante dependencia. Suelen
tener buena memoria para recordar a los que les han rechazado alguna
vez, de manera que si eres uno de ellos no perderán mucho tiempo
contigo, aunque existen verdaderos adalides de la constancia que,
por si colara, conservan el mismo empeño en descubrir tus misterios
que la primera vez que le mandaste a hacer gárgaras, aunque
esto haya ocurrido varias veces en los últimos años. |
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| Especialmente
divertidos son los que asumen un rol que a ellos les da morbo y lo
llevan hasta extremos tan remotos que les hace perder la perspectiva.
De esta manera, es fácil encontrar bakalas cuarentonas, seguratas
dados de baja que han robado su uniforme o trasnochados garçons
arrabaleros. En cualquier caso, esta forma de transformismo sexual
no es, en absoluto, patrimonio exclusivo de este grupo. |
| ·
Las Ratas: Las Ratas son los que tienen muy poco que perder y
nada que ganar, los que acuden sin ninguna esperanza de ligarse a
quien realmente desean y han de resignarse con lo que puedan rebañar.
Sus principales características son su perseverancia y su absoluta
falta de amor propio. Tienen esta filosofía: "Puesto que
el 'no' lo tengo seguro, no se pierde nada con intentarlo". Y
vaya si lo intentan. La mayor parte de ellos se conforma con mirar,
pero tarde o temprano alguno decide probar suerte. Si hemos seguido
el rastro de alguien que nos gusta y parece que esa persona se muestra
receptiva , conviene buscar cobijo en una cabina lo más rápido
posible, porque en cuestión de segundos podemos ser rodeados
por inquietantes presencias que, a pesar de no verse, se perciben,
rollo "Final Fantasy" o "Pitch Black". |
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| Amparándose
en la oscuridad, se arriman disimuladamente durante este primer contacto
ajeno al que nadie les ha invitado, y con tiento felino, van ganando
terreno hasta que algún avezado desliza su mano con la esperanza
de que pase inadvertida. Hay otros que se limitan a sentarse a la
espera de que alguien (¡quien sea!) les meta una polla en la
boca. Alguno que otro, si se ha excedido con el White Label, puede
quedarse dormido en un banco con los calzoncillos bajados, roncando
como un barrilero y siendo ignorado por todos hasta que dan las seis
y alguien tiene que azuzarle con el mango de una escoba. Suelen ser
inofensivos. No quisiera ser demasiado duro con este grupo porque,
como es ley de vida, quizá algún día yo seré
juzgado por algún niñato prepotente de la misma manera
que lo estoy haciendo ahora. Aunque espero que en ese caso sólo
puedan juzgar un físico que ya no es lo que era, porque hay
ciertos grados de decoro que espero no rebasar nunca. |
| ·
Las Amigas: Son ese tipo de maricas muy maricas que no se atreven
a ir solas a estos locales y acuden en escuadrones de tres o cuatros
en plan velocirraptor, pero nunca para cazar, porque son tan memas
que no tendrían valor para despegarse de su grupo o tener sexo
con alguien aunque se mueran por hacerlo. Son especialmente morbosas,
pero reprimen su deseo soltando pluma y riéndose nerviosamente
de todos, porque ellas no están ahí para lo mismo que
los demás, y eso les hace sentirse con derecho a romper el
respeto ceremonial que se respira. Cuanto más jóvenes
son, peor, y a veces se dan casos verdaderamente lastimosos de angelicales
efebos abducidos por estas jaurías que, inevitablemente, terminan
siendo los más maricones e irritantes de la pandi. |
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| ·
Las Fantásticas: Son los que están realmente buenos.
Ellos lo saben, pero casi nunca encuentran a nadie que consideren
a su altura, y esto les lleva a tratar a todo el mundo como si fuera
guano. Se apuntalan en alguna esquina sin fijar la mirada en nadie,
clavándola hieráticamente en el vacío y fingiendo
que no son conscientes del deseo que despiertan. Cuando alguno de
los seres inferiores comete la osadía de entrarles, responden
con una indignación desmedida a semejante atrevimiento, y si
se van a casa sin follar no les importa, porque es en esta admiración
ajena en la que se sustenta su sexualidad. Si, por un casual, consigues
ligarte a uno, no esperes demasiada colaboración, porque un
polvo con una fantástica no suele pasar de un 'dejarse hacer'
y de una sucesión de posados que ni la Preysler por pascuas.
Y ya puedes darte con un canto en los dientes por haberte beneficiado
de su caridad. Cuando encuentran a alguien que realmente les pone,
caen en un estado de angustia que les obliga a comportarse como la
más insistente de Las Ratas. |
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| Otro
de sus juegos favoritos consiste en: "Vale, tú no estás
mal del todo, pero por ahí hay otro que me gusta más
y quiero ver qué pasa con él antes de liarme contigo,
no sea que se lo lleve otro". Se trata de un acuerdo tácito,
ya que nunca tendrían valor para admitirlo a la cara, de manera
que pueden marearte durante horas creando expectativas que nunca confirman,
para finalmente irse a casa como el perro del hortelano. Por fortuna,
no se precisa de mucha experiencia para reconocerlos, así que
lo mejor es comportarse como ellos y fingir que no se es consciente
de su presencia. Eso les jode. |
| ·
Los Tarados: De tarados también hay un rico surtido, pero
quiero destacar a los atormentados sexuales que se obligan a llevar
una vida célibe por no querer asumir su sexualidad, aunque
esto no les impide mezclarse en estos ambientes para mirar lo que
hacen otros y que a ellos les produce tanto deseo como rechazo. Para
los demás, esta incoherente contradicción resulta especialmente
frustrante cuando se trata de gente atractiva, que ve pasar desde
la barrera los mejores años de su vida sin concederse el derecho
a follar con quien quieren. Al igual que Las Fantásticas, se
muestran hostiles hacia toda maniobra de acercamiento. El resto de
Los Tarados se reparte entre diversas psicopatologías agudizadas
por el alcohol, los que buscan marido, o alguna Rata perturbada que
consigue por méritos propios saltar a esta categoría. |
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· La gente normal: Son la razón para volver. Su única
premisa común es la de que tienen claro qué es lo que están
haciendo ahí y buscan lo que quieren sin poses, juegos ni gilipolleces.
Por lo demás, los hay de todo tipo, edad, raza y tamaño.
Y me gustaría pensar que son la mayoría.
A lo largo de todo este artículo no he dejado de pensar en una
mínima parte de los lectores que puedan llegar a leerlo: Los posibles
usuarios potenciales que aún no han visitado un cuarto oscuro.
En ningún momento he pretendido lanzar un mensaje disuasor. El
ejemplo más patético de todos los que he hablado es el de
la gente que se prohibe buscar lo que quiere. Nunca diré que los
cuartos oscuros sean un marco incomparable, pero sí que son el
vehículo más rápido, cómodo y seguro para
echar un polvo. Después de siglos de dificultades, resulta que
somos los que más fácil nos hemos puesto las cosas.
Y entre
tanto freak-show, también es posible tropezarse con algún
descubrimiento que alegra recordar, con la frenética sensación
de la búsqueda, o con algún momento gratificante de ancestral
camaradería, por fría y deshumanizada que pueda parecer.
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