ARCHIVOS URDU
 
  · Carta cargada de Resentimiento   · Los amigos de Peter     · Tocando techo     · Premios amigo
  · La hoguera de las vanidades   · El SPAM    

 



¿Cuántos de nosotros hemos sido tan imprudentes como para dar nuestro e-mail en alguna página de dudosa naturaleza que nos lo pedía para acceder a sus sugerentes contenidos? Yo el primero. Pornografía, autopsias, técnicas de terrorismo amateur, mp3 de Tamara... Para navegar por las cloacas de internet hay que pagar peaje: convertirse en cliente potencial para cienes y cienes de empresas que se empeñan en captarme como si yo fuese el único ser conectado a la red en este valle de lágrimas.
Bienvenidos a un breve recorrido por este universo ecléctico y desconcertante del Spam (que no Spawn, como decía una confundida ex compañera de curro que tenía una extraordinaria habilidad para mezclar términos y temas. Fue despedida por robar cartuchos de tonner en vísperas de un viaje a la República Dominicana, pero esa es una historia que ya os contaré en otro momento.)
Como buen periodista frustrado, he tenido a bien documentarme un poquito para dotar de cierto rigor la sarta de chorradas que me dispongo a escupir.

El Spam, como ya sabéis, es el nombre que se usa para denominar el envío masivo y no solicitado de correos electrónicos que informan sobre las actividades comerciales de empresas de todo tipo con el fin de conseguir clientes. Originalmente, la palabra aludía a un tipo de subproducto cárnico enlatado que se estiló mucho en EE.UU durante la crisis del 29 y para alimentar a las milicias en épocas de guerra. ¿A que ésto sí que no lo sabíais? Yo tampoco, y mira que me mola el Dog-Chow.
Hace unos meses, yo tenía el monitor de mi ordenador orientado hacia una pared, lo que me permitía ir confeccionando un extenso listado de páginas porno en horas de oficina que fue muy apreciado entre mis amistades más próximas (disponible también para todos vosotros, aunque ya sabéis de qué pie va a cojear, ¿verdad? Prometo confidencialidad, exijo una foto a cambio, mejor sin camiseta)

Esta actividad propició que mi humilde cuenta de Hotmail fuese descubierta y castigada por alguna empresa sin escrúpulos que, no contenta con enviarme todo tipo de ciberpanfletos, había decidido compartirla con otras varias de su misma condición. Debido al bombardeo del que era víctima, me hice otra cuenta algo más saneada y dejé la antigua macerando, prácticamente olvidada, hasta que recientemente me dio por volver a visitarla para ver si se había transformado en cultivo biológico.

¿Recordáis los interminables listados de datos que tapizan las paredes de ese mundo virtual que se nos ofrece en 'Matrix'? Pues algo parecido había pasado con mi antigua y modesta cuenta. Catorce páginas, ni una menos, petadas de todo tipo de reclamos, entre los que predominaban los casinos on-line, los que ofrecen extraños métodos para forrarse en veinticuatro horas o, (ésta se la dedico a mi ex novio), esas otras en las que gentes de buena fe liquidan deudas a quien sea sin meter las narices en las listas internacionales de morosos crónicos.
Pero entre tanta bazofia no pude dejar escapar unas cuántas perlas, paradigma donde los haya de los más discutibles métodos de marketing, que no rechazan cualquier estrategia para captar la atención del usuario incauto y ávido de curiosidad.


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