He tenido a bien clasificar a los yonkis en tres familias según su conducta, pero existe un denominador común que, por dispares que podamos parecer, nos hace a todos hermanos: la vanidad. ¿Qué nos mueve a dejar un mensaje en un foro? ¿Acaso es un sentimiento altruista, una fuerza interior que emerge súbitamente para obligarnos a compartir con el resto de los mortales esas verdades intemporales que todos destilamos en nuestro interior? Bullshit! Tanto si lo que perseguimos es provocar como conseguir adeptos, al final, todo se reduce a algo tan mezquino como un ego trip. Y lo único capaz de redimir tamaña cicatería es la sinceridad, ¿no os parece?

1) LOS COLUMNISTAS. Bien, supongo que es aquí donde me tengo que incluir, pero no estamos hablando de mí, ¿verdad? Partamos de la base de que todo lo que viene a continuación es extensible a mi persona y permitidme que hable de los otros como si yo me encontrara por encima del bien y del mal.

Los columnistas no cometen la torpeza de caer en la vanidad. Prefieren arrojarse a ella. Saben que no escriben mal y obtienen un preocupante grado de placer onanista releyendo sus textos una y otra vez, buscando sinónimos que reflejen su vastísimo vocabulario, cambiando comas de sitio, volviéndolas a dejar donde estaban... Algunos tienen facilidad para encontrar temas originales e interesantes, otros no tanto. Algunos flirtean con la pedantería y la utilizan a su antojo como recurso expresivo, otros colisionan contra ella cual motorista kamikaze cruzando la frontera de Gaza-Cisjordania. Son promotores del esfuerzo intelectual y estimulan al resto para que se curren sus escritos, con resultados satisfactorios en algunas ocasiones y abominables en otras.
Pocos abanderados en esta categoría, y es que esto no es Sonotone ni nadie lo pretende. Encontramos en este apartado a un individuo peculiar: Falo Hediondo. A este individuo le reconozco dos virtudes y dos defectos. Las virtudes son la elección de un seudónimo interesante y la composición de un manifiesto titulado "Feliz Navidad, infelices" , que me llenó de envidia cochina de la mala.

Los dos defectos son que publicó dicho post en, al menos, dos foros diferentes, lo que evidencia su necesidad de elogio (defecto que también comparto yo, no vayáis a creer). ¿O quizás se trataba de una maniobra en busca de una tribuna permanente? Su segundo gran error, algo a lo que ni siquiera yo me atrevería, consistió en publicar otro mensaje redactado en un alemán perfecto (o eso me gustaría pensar, y es que mis nociones en el idioma de Kant se reducen a un slogan comercial de una sociedad ecologista que podía verse en las paredes del metro de Berlín durante la única ocasión que tuve de visitar esa ciudad: "Ich will Paprika, am liebstein ohne alles" - "Quiero pimientos, mejor sin nada") Semejante alarde de exhibicionismo intelectual no tiene parangón en este foro, pero le animo a que siga escribiendo y dándome envidia. Eso sí, pon un poco de humor en tu vida y en tus textos. Es el mejor lubricante para deslizarse sobre tanta densidad.

Por supuesto, tendré que mencionar a la inconmensurable Mari Pili. La tía (¿?) parte con ventaja, aunque sólo sea por ser uno de los buques insignia de la ya mencionada web, dedicada a la gestación de los Juan Ramones de Prada y Jordis Mollás del mañana. Debido a que guarda con extraordinario celo cualquier dato respecto a su persona, ignoro esas líneas de su curriculum que justifican tanto talento. Lamento que tenga la costumbre de ningunearme, dejándome siempre con alguna pregunta en la boca que se niega a responder, como si hubiera sido volatilizada debido a alguna exigencia imponderable que le obliga a ausentarse de tanta nimiedad. Recomiendo a todos la lectura de su artículo "Coca-cola y el Product Placement".

Ocasionalmente, también se dan casos aislados de wannabes (Now, tell me what you want, what you really, really want!). Si no los menciono aquí es porque considero que encajan mejor en alguna de las siguientes categorías, aunque son fáciles de identificar. Suelen ser personas a los que repentinamente les entra un impulso comunicador altamente sospechoso de segundas intenciones y, paradójicamente, son los que más atacan a los miembros de este primer apartado.


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