ARCHIVOS URDU
 
  · Carta cargada de Resentimiento   · Los amigos de Peter     · Tocando techo     · Premios amigo
  · La hoguera de las vanidades   · El SPAM    

 


"La Hoguera de las Vanidades"

¡Hola amiguitos! ¿Sabéis que todos vosotros oléis a florecitas? Hoy me siento compungido y tengo buenas razones. Los yonkis me han pedido que haga una cosa muy fea: meterme con todos vosotros. No tuvieron valor para ser tan explícitos, claro que no. Se limitaron a sugerirme que escribiera sobre mis compañeros para que todos pudierais sentiros identificados y, de paso, dinamizar un poco el foro. Vamos, que les pone ver cómo nos sacamos los ojos. Desorientado, busco consejo en mi representante, que últimamente anda muy preocupado por mis bajos índices de popularidad:

"¿Dónde estás? Es preciso que cojas el próximo vuelo hacia el aeropuerto de Manises. Hay un tema de máxima gravedad del que tenemos que hablar.", "¿Estás loco? ¡Acaban de limarme la pelvis para tener una cintura como la de Calista Forrester y tú pretendes que me haga quincemil kilómetros de una tacada!", "Son órdenes yonkis. Quieren discutir una serie de cláusulas de mi contrato que me obligan a hacer lo que ellos quieran", "¿Y por qué en Valencia?".

Bueno, eso fue idea mía. Queríamos un punto de encuentro neutral a mitad de camino entre nuestras respectivas ciudades para que no hubiera agravios comparativos. En un arrebato espartano, ellos propusieron San Clemente, pero yo quería visitar las ruinas de ACTV, y como este caprichito mío les pillaba más cerca, accedieron de buen grado.

Conseguimos una sala de juntas en el último piso de L'Emisferic. Lupen pidió una botella de absenta y Máximus se tiró toda la reunión liando cigarrillos de bergamota (si los cabrones pretendían dar una imagen cool lo consiguieron con creces).

La negociación fue implacable. Yo argumentaba que, puesto que mi vida iba a correr serio peligro tras la publicación de ese texto, lo menos que podían hacer era subirme el sueldo. Ante la dificultad por llegar a un acuerdo, los yonkis me pidieron que les dejara a solas con mi representante. Medio kilo de fartons y una nínfula premenstrual, eso fue todo lo que necesitaron para que ese judas se pusiera de su parte. "Como representante tuyo, te recomiendo encarecidamente que les hagas caso a estos chicos. Y no te extiendas demasiado describiendo esta reunión que luego no hay dios que te lea." Cabizbajo, abandoné la habitación mientras empezaba a urdir una estrategia epistolar que me permitiera salir airoso de este trance sin atentar contra mis obligaciones contractuales. "Bujarra de mierda...", me pareció escuchar a mis espaldas.

Habrá que ver el lado bueno. En estas últimas cinco semanas mi oído izquierdo no ha parado de pitar y se me presenta una oportunidad perfecta para desquitarme. Podría poner a todos en su sitio, sí, hacerles ver la viga en su ojo en lugar de la paja en el mío. ¿O debería hacer honor a esos quince años de educación castrense y demostrar que soy un caballero, libre de rencores e indiferente ante las críticas? Eso será lo mejor. Me limitaré a hablar de cada uno sin hacer juicios de valor, basándome exclusivamente en datos objetivos sobre el comportamiento de mis camaradas en sus diferentes intervenciones. ¡Manos a la obra!


SIGUIENTE ->