TOCANDO TECHO

Pues eso era lo que me había sucedido a mí con el tipo del sombrero de lluvia y hablar frenético. El año dos mil no va a pasar a la historia por ser demasiado interesante en nada, pero sí quedará en los anales como el año de la consolidación de la prensa rosa surrealista, y ya es bastante, porque dicho fenómeno ha cubierto el vacío existencial que había dentro de mí tras la desaparición de mi entusiasmo por la fiesta, y es que Dios aprieta pero no ahoga.

Pasemos por alto a Tamara y su trouppe, que sin duda alguna se llevan la palma dentro de este subgénero, y recordemos al ya mencionado Rodríguez Menéndez, con su panda de comerrabos gerontófilas, al Fontaneda, intentando hacer creer a todo el país que su última novia sufre de esquizofrenia cuando dice que el romance que tuvieron este verano fue un montaje, o a la gorda esa que lleva meses pagando la factura del gas a costa de haberse cepillado supuestamente a Ricardito Bofill, que si bien no es mucho más agraciado estéticamente que dicha señorita (¡mierda, no recuerdo su nombre!), sí tiene, por lo menos, una cuenta corriente que le permite tener a su lado a un pibón como Paulina Rubio.
Todos siguen la tendencia inagurada el año pasado por Yola Berrocal, pionera en eso de fraguar noticias imposibles, cuando le dio por decir que se había cepillado al Apeles. Eso fue hace casi dos años y la tía no sólo no ha perdido gas sino que, como digo, ha creado escuela y será recordada por ello allende el fin de sus días. ¿Tiene eso algún mérito? Pues no, pero aquí estoy yo interesado por la crónica rosa (hace poco me la sudaba ampliamente) y captando con ello vuestra atención, algo que no habría sido posible hace cinco años, por ejemplo, con esos anodinos desfiles de nupcias, rupturas, natalicios y/o defunciones que se estilaban por aquel entonces, (Rociíto, Mar Flores, Jesulín... qué aburridos eran los hijos de puta).

Así pues todo esto se puede resumir en que Yola tuvo la iniciativa de introducir en el sector ciertas pautas que han ido madurando mientras transformaban el panorama hasta llegar a la situación actual, momento en el que ya es digno de aparecer en una página de las características de ésta.

¿No ha quedado claro todavía? Que la Yola ha conseguido que la crónica rosa se convierta en yonki, llegando a resultar interesante hasta para una panda de descerebrados como vosotros (a las pruebas me remito, últimamente no paráis de mentarlos).

Pero lo inquietante no es el presente sino el futuro, y aquí es cuando vuelvo a acordarme de Bob Geldof. Si en tan solo un año hemos alcanzado tal nivel de desfase (bendito sea, todo sea dicho de paso), ¿qué nos tienen preparado para el año que viene? Si lo que está por venir todavía consigue sorprendernos, será que las mentes que están detrás de todos estos subproductos son, en efecto, los mejores guionistas que ha conocido la historia de este país. ¿No había crisis de guionistas en las televisiones nacionales? ¿Por qué no los fichan de una puta vez a todos ellos? A lo mejor así nos libramos de toda la sarta de clichés y estereotipos a los que nos tiene acostumbrados la ficción nacional.

Y otra cuestión de vital importancia: ¿Se trata de una simple célula de creativos los encargados de parir tan intrincadas tramas o se habrá consolidado ya como una industria, con varias empresas que compiten unas contra otras por superarse semana tras semana?

Claro, que también es posible que la 'Teoría Geldof' se confirme y nos veamos saturados de tanto hombre elefante, mujer barbuda y/o siamesas lactantes, hasta lograr que nos toque la polla tanto freaky. Yo tenía pensado comparar esta saturación con la que también se puede encontrar en otros campos de la cultura pop-trash que nos rodea (en un alarde de referencias y asociaciones) como por ejemplo, el culmen de lo escatológico y políticamente incorrecto en animación que nos llega de la mano de South Park, o la exageración de la linealidad y la monotonía del techno actual ('¡otra vez no!', diréis. Vale, vale...), pero parece que ya me estoy volviendo a extender, coño. En fin, que no sólo en la prensa rosa se ha tocado techo. Que hay muchos otros campos en los que se ha ido evolucionando hasta llegar a un punto en el que es difícil de imaginarse el siguiente paso.
¿Estaremos a punto de vivir una revolución en todos ellos? ¿Sí? ¿No? ¿A quién le importa?

Un beso negro: URDU GP