¿Qué os creíais? ¿Que iba a terminar cada entrega de esta nueva temporada con una comida de ojete? Mi mezquindad no llega a tanto, pero me sobra como para ir guardándolas todas en una carpeta aparte, juntarlas en un documento al final de la temporada y enviárselas a los webmasters de esta página, no con el propósito de que me suban los honorarios, sino de que me los doblen. ¡Y funciona! Pero vosotros preferís ortigas que laureles y para eso el amigo Juan nos viene al pelo con estas líneas que voy a tener que replicar tarde o temprano, por más que intente retrasar el momento con una introducción evasiva. Digo yo que además habrá nuevos usuarios que hayan descubierto Yonkis.com después de mi última colaboración y se encuentren en este momento igual de horrorizados que él. Yo les ruego que no llenen mi buzón de reiteraciones, y si lo hacen, no apostillen sus misivas con algún “ a ver si tienes huevos de publicar esto” porque no me puedo permitir el lujo de repetirme. No se lo permitan ustedes tampoco. Encuentren vías nuevas de cagarse en mi puta madre, que acaba de casar a una hija tipo todo muy bien. Vamos por fin con Juan, que debe estar que trina.
Me has calado, Juan, escribo en Word. Yo quería que pareciera que me sale del tirón pero veo que no cuela. Si de repente vieras algo que te haga pensar que me cuelgo más medallas de las pertinentes tú bájame del guindo, que para eso estamos. Como ya he dicho otras veces, mi único mérito consiste en que me sobra el tiempo. Sólo alguien con mucho tiempo puede derrocharlo de esta manera en los demás, y desgraciadamente hoy en día eso tiene un mercado y un precio. De lo único que me verás presumir, al menos durante esta temporada que hoy comienza, es de llevar la vida con la que siempre soñé, aquella que me pudiera ganar sublimando mis frustraciones sin moverme de casa, tocándome la minga todo el día. Acabará conmigo, no te lo niego, pero tus ojos no lo verán. Tú sólo podrás ver puntuales fogonazos de rutilante iniquidad a lo lejos, recortando las siluetas de una legión de imbéciles que, por alguna razón que yo tampoco entiendo, creen que molo. Insisto, tú bájame del guindo si ves que me encaramo.
El Replicante |