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Pues estoy bastante de acuerdo contigo, aunque no sé exactamente en qué. Supongo que en el asco tácito que rezuman tus palabras, y en el dato velado de que estás entrando en una edad en la que uno adquiere la perspectiva adecuada para valorar determinados eventos. Antes también había chusma, pero verte codo con codo con ellos te hacía creerte integrado, y no te importaba que te rodearan la nuca con sus axilas ni que te rociasen la cara al pedirte un cigarro. Pero después de ocho o nueve años uno sigue frecuentando esos ambientes por pura inercia y por tener un pretexto para seguir drogándose, y a esas alturas, con los estímulos de recompensa resabiados y la serotonina apática, la tolerancia de antaño flaquea, y alternar con ratas que llevan tres días sin pasar por boxes y que apestan como reos de galera da el rollito justo. Quiero advertir que no tengo nada en contra de un punkie siempre y cuando tenga edad para ser punkie, no vaya de tripi ni toque la flauta en la calle. Lo que me repugna son esas hordas de neo-hippies asilvestrados que patrullan las raves en comandos de quince, especialmente en las gratuitas, que desfasan más que nadie, que bailan pegándose empujones y haciendo que sus compinches impacten contra tu espalda, impregnándola. Esos ciber-costras que atentan contra la tranquilidad de todos lanzando al espacio aereo colectivo diábolos y teas ardiendo, y contra la leyes estéticas más elementales al permitir que sus hembras exhiban sus mamas vencidas por lustros de gravedad y mugre, fragmentando pastillas con los dos únicos incisivos que les quedan y celebrando cada tema con tanto entusiasmo como falta de criterio. Son espíritus libres, y por lo tanto tienen todo el derecho a paladear sin complejos cualquier pasatiempo que conlleve acabar rebozados en mierda. Obviamente son ellos los que están en su medio natural. Plantéate si tú tienes edad para seguir afirmando lo mismo. El Replicante |

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Conmovedor soliloquio camuflado de diálogo entre el individuo y su presunta conciencia, y en el que su autor se desgarra entre la autoafirmación y la resignación ante su propia debilidad. La falta de puntuación en el tramo final del primer párrafo es intencionada, y pretende recrear en la imaginación del lector la misma sensación de desbordamiento que ese torrente de ideas le provocan. Nótese también la falta de acotaciones o comillas al saltar del yo cognitivo al yo interior, diluyendo así los límites entre ambos. ¿Cuál de los dos prevalece? El final es abierto, pero todo parece indicar que esa pincelada costumbrista con la que remata quiere dar a entender que son la pobreza de espíritu y la falta de voluntad las que terminan imponiéndose. El estilo epistolar es reemplazado por uno más declamativo, posiblemente inspirado por los anuncios de Burn, pero eso no le añade interés, ya que la pobreza sintáctica y la vaguedad expresiva del autor descompensan cualquier mérito que pudiera atribuirse a la elección de un formato tan audaz. Mensajitos así ni uno más, que me ponen espeso. El Replicante. |

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Vamos, que tu eres el hermano maricón. El maricón, el amargado y el feo. ¿Nunca te has parado a pensar que la conducta de tu familia puede ser una contrarreacción? Una contrarreacción a esa envidia tuya que te pasas el día rumiando por no haber sido tú el vital, el exultante, el que levanta una brisa al entrar; por no poder tatuarte un tribal en el reverso del bíceps, por ser calvo, enjuto, descompensado y no tener ningún motivo en esta vida para rasurarte los genitales. Pero eso no te da derecho a acosarles con tus divismos y tus pijadas porque así sólo consigues encabronarles más, y eso a la larga es peor para ti, para ellos y para la comunidad rumana. Asume las estadísticas: los hermano/as menores son siempre los que están buenos. Todo tío bueno quiere ser un intelectual. Todo intelectual desearía estar bueno. Uno entre un millón conjuga las dos cosas. A mí el que me da lástima en esta historia es tu hermano pequeño. Si tuviera otro hermano maricón, uno que estuviera tan bueno como él o que no le diera importancia a esas cosas, uno del que pudiera sentirse orgulloso delante de sus amigos, otro gallo le cantaría. ¿Qué te costaría irte con él a reventarle el cráneo a un rumano? Seguramente tu sensibilidad te susurre que es una víctima inocente, pero también lo es tu familia. Tres cuerpos pesan más que uno. Si la situación no mejora después de eso, siempre habrá tiempo para reconsiderar tus intenciones iniciales. El Replicante |

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Amigo Daniel. ¿Todo bien? Anda, que le ha faltado a usted tiempo para escribirme. No se lo tome como un reproche, me encanta ver caras conocidas que saben de qué va el tema y que orientan a los neófitos en maneras y protocolo, aunque, ¡ay!, esta vez me obliga usted a reprenderle. Y muy a mi pesar, porque corro el riesgo de que esta réplica sea interpretada como un “y tú más”mezquino y rencoroso. En fin, le echaré huevos, pero sepa para la próxima que con lo del Albariño me picó usted mucho más. Mi objeción concierne a su estilo, que noto depauperado tras tantos meses sin mi influencia. Relea su anterior intervención (ver El Replicante #10)y compárela con esta última. ¿Qué le ha pasado? Repite usted cinco veces “espero” en tres párrafos. Espera usted demasiado, luego vienen las decepciones. Dos “haya servido” en la primera frase, y varios giros, o recursos, o llámelos como le dé la gana, que me recuerdan bastante... a mí. Yo supongo que ha debido ser un año árido, pero ahora que todo ha terminado no se felicite usted tanto, no limite sus lecturas a esta sección, y nadie podrá echarle en cara cosas tan feas nunca más. Saco fuerzas de flaqueza para aclararle algunas de sus dudas. Sí, me he cultivado mucho, ya tendrá ocasión de comprobarlo. Sí, también me he abandonado a los placeres hedonistas, aunque en lo relativo a vinos sigo más o menos donde lo dejamos. No, usted no tuvo nada que ver en mi retirada, deje de sobrestimarse: mensajes como este que me acaba de enviar demuestran que no hay para tanto. El Replicante. |

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Hoy la cosa va de viejas glorias. Querido Inner, no se me ofusque por aparecer a continuación de Daniel. Eso no significa que le quiera a él más, sino que su mensaje llegó antes. El de usted tardó treinta y seis horas a partir del momento en el que esta segunda temporada quedó oficialmente inaugurada. Frente a las tres horas que le llevó a él, su marca es un ejemplo de contención y templanza. Pero no le felicito por nada más porque también su mensaje me ha decepcionado. Creo que voy a tener que esperar savia nueva para recuperar el listón referencial que ustedes dos fijaron la temporada pasada. ¿Qué por qué no me gusta su carta? Porque es un puto coñazo, es repetitiva, se pierde en ilustraciones y no me da pie a decirle nada que no le haya dicho ya antes. Señor Inner, perora usted. Es más, ni siquiera me creo que exista esa vecina, fíjese. De acuerdo en que eso es lo de menos, pero ya que todo sale de su absurda testa, por el amor de Dios, reoriéntela un poco y deje de darme la brasa con cada niñata que se la pone fondona. Tampoco voy a asistir a esa cita a la que me emplaza. ¿De verdad cree que me motiva medirme dialécticamente sin miles de personas que lo atestigüen y sin la garantía de tener yo la última palabra? Usted lo que quiere es un poquito de intimidad, que lo sé yo, y que le pase mi msn para seguir intimando un poquito más, truhán. Pero eso no va a ocurrir. Entienda que entre usted y yo jamás podría darse una relación empática, puesto que yo ya le tengo cosificado como otro lammer pajillero de los que participan en mi sección, y nada que usted pueda hacer o decir en la vida real podría diluir esta imagen virtual que ya me he fijado de usted. Habrá oído eso de que en el país de los ciegos el tuerto es rey. Le conviene que lo nuestro se restrinja a este marco. El Replicante PD: He tenido que reinventar una vez más el título que le puso a su mensaje para que cupiera. Sé que no lo aprueba, pero va a tener que joderse. El día que sus mensajes puedan compararse con un arioso de Wagner o un lied de Schubert le permitiré que los titule con la primera frase del texto, sin importar su longitud. |
