
Queridos todos. Después de casi un año de retiro espiritual vuelvo a no tener otra cosa mejor que hacer que atender vuestras miserias. No habrá grandes cambios por mi parte, pero espero que sí por la vuestra. Os recuerdo que no quiero tostones ni ladrillos. Si veis alguna carta larga publicada será a pesar de su extensión. También conviene que no os dejéis en evidencia a vosotros mismos con presuntos alardes sintácticos para los que no estáis capacitados. Y mucho cuidado con los temas: si acabé hasta los cojones de todos vosotros la última vez fue porque siempre me mandabais la misma mierda. Así que mucho cuidado con razonamientos del tipo “voy a decirle que tengo un amigo maricón, que yo soy hermafrodita y que me follo a mi hermana todas las tardes porque seguro que me lo publica.” Si esta sección se estanca será culpa vuestra, no mía, que tengo un universo interno inabarcable. “¿Entonces por qué sigue publicando mensajes que sí son desamanera?”Porque me sale del rabo, porque no había otra cosa y porque me han inspirado una réplica, que es al fin y al cabo de lo que se trata. |
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Le voy a resumir una historia que podrá parecerle literaria, pero que yo le garantizo que es rigurosamente cierta. Parte de mi familia pertenece a un estamento concreto de la sociedad venezolana. Remóntese varias décadas atrás, cuando ese país era próspero, el bolívar se acuñaba en plata y Caracas era orlada con coquetas bomboneras art-decó. Un miembro de esa sociedad, de nombre Napoleón Dupont, consideró necesario reservar parte de su fortuna para formar a alguno de sus parientes como dandy. De entre todos sus sobrinos eligió al que consideró más apto, un tal Umberto Zuloaga, y le cedió una renta vitalicia con la única condición de consagrar lo que le quedara de vida a cultivarse y a vivirla en plenitud. Los diversos detalles del devenir de su existencia forman una constelación de anécdotas deliciosas que yo me ahorraré aquí en aras de la brevedad. Pero partamos de que los tiempos han cambiado y en cómo podríamos importar aquello a nuestro contexto, y usted decidirá si ese perfil está a su alcance o si, por el contrario, es usted simplemente otro porreta pajillero ocioso, que es lo que a mí me huele. Atención: si puede usted vivir de su familia ya tiene usted la mitad del trecho andado. No me refiero a tirar unos añitos hasta que se le acabe el chollo de la vida de estudiante, sino a toda la puta vida, a conciencia y de manera oficial; es decir, sin que ello desemboque en complejos de disfuncionalidad por su parte ni en el amotinamiento del resto del clan. Todos deben conocer su rol y celebrarlo, pues parte de sus obligaciones consisten en dar lustre al apellido. Eso de que está estudiando una carrera suena a resignación, y un dandy no tiene por qué resignarse. Sí debe, empero, cultivarse, así que si su carrera realmente le entusiasma, termínela. Si es sólo el medio para conseguir una profesión, a tomar por culo con ella, pues hemos quedado en que usted vivirá de su familia el resto de su vida. Lo del opio, hablar francés y comer pollas de moros en sus viajes a Marraketch es secundario. Si cumple usted lo expuesto en el párrafo anterior puede usted considerarse un dandy, que también los habrá paletos.El Replicante. |

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Pienso que debe ser usted un incompetente y que le tenían ganas, y que han aprovechado la excusa más tonta para, normativa en mano, mandarle a hacer gárgaras. Pienso además que Yonkis.com sí es una página pornográfica, y que una empresa seria no debe malgastar recursos manteniendo a sátiros. Yonkis.com tiene un pase en estudiantes o programadores, no en empleados de uno de nuestros blasones a nivel internacional, máxime cuando desempeñan sus funciones en el extranjero, y donde la obligación de dejarnos a todos en buen lugar se les presenta por partida doble. También pienso que se ha pasado usted tres calles introduciendo el elemento “carta de amor” en su defensa. Es probable que en los cinco años de contenidos absurdos que hay acumuladas en las tripas de esta web haya alguna carta de amor, pero eso de que entró usted a buscarla amparado por las sombras para ilustrar, quién sabe, un sentimiento puntual que le surcaba en aquel instante, rasca al tragar. No funcionó con los alemanes y tampoco va a funcionar conmigo, pero yo, por lo menos, le agradezco el relato. El Replicante |

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Caramba, Daniela, tenemos mal despertar. Yo creo que no deberías tomarte las cosas que leas en esta sección tan a pecho, mujer. Yo no lo hago, la gente que me escribe tampoco y quiero creer que la mayoría de los que lo leen, menos aún. Verás, a los españoles nos pasa un poco como a los argentinos: somos un país de mediocres, pero sabemos con quién compararnos para consolarnos. Así que ten el decoro de no venir a reprocharnos algo por lo que vosotros sois famosos desde Montevideo hasta El Paso. Ya supongo que ese será un cliché como cualquier otro y que no deberían juzgarse a todos los argentinos en bloque. Tú, sin ir más lejos, eres el testimonio vivo de que no sois todos iguales: tú, que no sólo te fijas en el color del alma, sino que tienes tus raíces en un país mucho más avanzado que el mío, culturalmente más rico y donde, con apellidos tan sonoros como el tuyo, muchos tuvieron que salir por partas para no ser gaseados. El hecho lamentable de tener una juventud embrutecida que pasa horas consumiendo pornografía en vez de leer libros es consecuencia directa del estado de bienestar. Seamos optimistas y esperemos que dentro de dos o tres décadas tú también puedas dar fe de este fenómeno. Y en lo referente a los transexuales travestidos adoradores de Satán, creo que un travesti es un hombre que se viste de mujer, sea cual sea su condición sexual, y que un transexual es todo hombre que desea ser mujer y que se encuentra en algún punto del proceso para conseguirlo. Cuando lo culminan, lo correcto es pasar a llamarles simplemente mujeres, aunque mi amiga Fim Yu Mei, una transexual malaya que ganó el certamen Miss Trans-World 2002, insiste en que la llamen Rita. Ella, de momento, aún conserva un péndulo que le llega hasta la mitad del muslo. Y por lo que a mí respecta, espero que lo conserve muchos años más. El Replicante |

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Desde luego, Adrian, qué visión tan simple tienes de la vida. Y eso está bien porque las cosas no son mucho más complicadas de como las pintas. En este mundo hay personas competentes e ineptas. Paralelamente, también las hay que follan y que no. Y rizando el rizo, las hay follables y no follables. Cualquiera de los primeros adjetivos de cada una de estas parejas suma un punto. El otro lo resta. Realiza mentalmente este sencillo test en tu cabeza, o mejor, en un cuaderno. ¿Eres competente? ¿Accesible? ¿Follable? La puntuación nunca puede salirte superior a tres ni inferior a menos tres, y cuanto más alta sea, mejor. A continuación, y si has tomado la decisión de potenciar tus posibilidades laborales al máximo, yo te recomiendo que te metas en un gimnasio, te dejes cresta y te matricules en periodismo. Conmigo no dio resultado, pero sigue siendo un método muy efectivo. El Replicante |

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Pues nada, buena suerte. Lo que no he entendido muy bien es el capítulo de tu infancia. O has cometido una errata o realmente tus primeros años están a la altura del mejor Dickens: “el mismo día de mi nacimiento fui adoptado por alguien que al año me dejó en adopción a alguien que a los tres años me dejó en adopción en un hostal”. De modo que el mismo día de tu nacimiento ya tuviste dos padres, el biológico y el que te adoptó nada más asomar. Esa persona te abandonó después de un año y fuiste adoptado por un tercero que, faltaría más, también se deshizo de ti, esta vez a los tres años. ¿Tan coñazo eras? Y no en una inclusa, sino en un hostal donde a veces paraban pedófilos. Si lo que esperas con esta carta es que te confirme si con esos antecedentes está justificada cualquier cosa, te lo confirmo: puedes meterte a payaso, a terrorista islámico o a violador de ganado con la conciencia bien tranquila y la garatía de que contarán como atenuantes. Y si lo que pretendías era escribir la típica carta que termino publicando, enhorabuena también. Te ha quedado un poco larga, pero por ahí van los tiros. El Replicante |
