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Querido Inner. Quién iba a decirme hace un par de semanas que podría llegar a compadecerle o que íbamos a compartir debilidades. Sólo espero por su bien que, cuando termine de leer esta réplica, compartamos también algo de sentido común, esa virtud que ingenuamente le suponía hasta hoy. Lo que no podré transmitirle por más pericia que derroche al teclado son experiencias ni alternativas. Esas tendrá que buscarlas por su cuenta, y rápido, que ya tiene usted una edad. Tampoco perderé tiempo especulando sobre cómo se ha dejado engatusar por una criatura de las características que describe. A poco que haya oído hablar de Oscar Wilde o Pasolini sabrá que no es usted el primero ni el último, aunque tendrá que darme la razón si le digo que su condición de heterosexual le imprime exotismo a su caso. Voy a ser franco: usted está perdido. Quiero imaginar que al menos tuvo oportunidad de ver una foto de esa chiquilla en alguna de esas cibersesiones, y que ésta fue lo bastante arrebatadora para justificar que, a sus años, ande usted eyaculando en plena calle sin necesidad de tocársela. Insisto, por la imagen que deseo preservar de usted espero que así sea, porque como resulte que no tiene ninguna garantía del potencial estético de la muchachita yo podría llegar a la conclusión de que, por más ínfulas, nómina o Z3 que me gaste, su vida sexual se reduce a un chascarrillo. Y en ese caso, amigo mío, buenos méritos iba a necesitar para lavar su imagen de cara a esas hordas de niñatos toca-bongos que son mis lectores, esos a los que tanto desdén dedica cuando se los cruza por la calle. Porque ellos marcharán a casa cubiertos de rastas y roña, pero al menos lo hacen bien follados y sin tener que onirizar en el portal de mi madre, que es una santa y no se lo merece. Pero volvamos a su amiga, que me disperso, y a esas opciones que tiene usted tan calculadas. De todas ellas sólo hay una razonable, que se la lleve usted a su terreno. Sobórnela con un billete de tren en primera, un par de noches en un buen hotel y entradas para Camela. Si no cede, olvídela; seguramente no sea quien dice. La posibilidad de viajar a su pueblo es descabellada y lo sabe, sería una exposición intolerable. Lo mejor que le puede pasar es encontrarse con una versión neomilenarista de la Niña Chica de los Santos Inocentes, tal vez con un poco más de autonomía motora, y se odiaría toda la vida por el tiempo perdido. Si tiene alguien que perder tiempo, que sea ella, que no tiene nada más que perder. De paso, también estaría evitando la nada remota posibilidad de un linchamiento, una denuncia por corrupción de menores o una encerrona nupcial. No subestime a estos paletos. Usted nunca ha pasado hambre, y por lo tanto, es más vulnerable a la imprudencia de pensar que aquello de que agudiza el ingenio es sólo una frase hecha. Alternativas, amigo. Observo que su única cantera son los chats, y de ellas están plagados. Búsquese algo más a mano. No seré yo quién le reproche que haya descubierto a estas alturas que prefiere las gallinejas al sashimi, pero guarde cuidado. No se deje engañar por el tufillo de la primera tasca que encuentre. El regusto es efímero en el paladar. Una gastroenteritis dura al menos una semana.El Replicante. |

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Querido Gelbesac. No sabes con cuánto gusto me hago eco de tu protesta. Por desgracia, vivimos tiempos en los que nadie quiere ser consciente de sus limitaciones, y en los que la mediocridad sentencia que todos somos iguales ante los ojos de Dios. Desde aquí te animo a que contribuyas en la medida de tus posibilidades a enmendar tamaño despropósito. Los gimnasios deben volver a ser un baluarte vetado para las piltrafas genéticas y un generador incombustible de complejos, respeto y deseo. Aquellos que se empeñan en ir a entrenar con la batalla estética perdida de antemano y con el único propósito de hacer pandillita con otros de su calaña deben ser erradicados. Ya encontrarán formas menos sufridas de perder tiempo y dinero. No titubees, se empieza cediéndoles el Multipower y terminan invitándote a ver el fútbol a un pub irlandés. Si son tan ciegos para no querer ver su condición de ciudadanos de segunda frente a un Apolo como tú bien merecen que les desprendas ambas retinas de sendos mancuernazos. Y si necesitas el respaldo de algún otro clembuterolizado para reunir la sangre fría, solicítalo. Sé profeta en tu tierra. Verás qué pronto les quitamos las ganas de hacer valer esos derechos que a saber de dónde se han sacado.El Replicante. |

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Para dejar de ser virgen no basta con una mamada. En tu caso haría falta que te reventasen el orto, bien con una polla, bien con algo de igual o mayor grosor. Un dedo, por ejemplo, no valdría. La que dudo que sea virgen es esa golfa que te comió la polla, así que, a no ser que te corrieras tan rápido que se lo tragara accidentalmente, caso en el que dudo quiera repetir, no creo que tardes en follártela del todo. Como yo sospecho que se la habría tragado de todas formas, por que las niñas de hoy son tan guarras como inconscientes, te sugiero que te pongas un condón. Mal favor te haría el gran Cthulhu si permitiese que inauguraras tu vida sexual cogiendo bichitos. El Replicante. |

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La nodriza y asistente Ahmés fue enterrada con menos pompa que su señora Hatshepsut, pero con mejor fortuna. Su momia aún reposa sin ser profanada, y por lo tanto, nada le ha impedido gozar de la vida eterna. Yo más bien creo que eres la reencarnación del condeWalsegg-Stupach, el misterioso encapuchado que encargó su réquiem a Mozart para hacerse pasar por su autor cuando éste muriera, y que continúas en esta vida intentando apropiarte de lo que no te pertenece. Un simple análisis serológico descartaría una rinitis, mi segundo candidato. Respecto al estupro ya me he pronunciado en otras ocasiones. Ahora lo que me inquieta es el libelo. El Replicante. |

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No puedo darte más consejo que el de que aprendas a resignarte. Has elegido una profesión ingrata y has de atenerte a las consecuencias. Si lo que quieres leer es que tus alumnos no tienen derecho a someterte a tantas calamidades no cuentes conmigo: lo tienen. Ellos son turgentes y tú no. Sus vidas rebosan promesas mientras que la tuya se agosta sobre las brasas del deseo. Si crees que la edad y la experiencia son un grado, ¿qué haces visitando las mismas páginas que visitan ellos? ¿Es esta la mejor forma que tienes de acortar el abismo que te separa de sus pupitres? A mí no me engañas, y a ellos, que te huelen, ni te cuento. Tras ver nacer a su prole, la viuda negra asume su existencia como una fuente de proteínas. Consuélate, no todos pueden presumir de tres meses de vacaciones, y cuentan maravillas sobre Tailandia. El Replicante. |

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¿Tú qué eres, una soplapollas ilustrada? ¿Te crees que puede venir aquí a llevarme la contraria con tu rollo de felatriz eutanásica cargado de tecnicismos? Embolia gaseosa, dice la muy golfa. Normal. Si te da por soplársela a nonagenarios terminales lo más lógico es que le revientes algún vaso y les inundes el torrente sanguíneo con tu halitosis de ninfómana. A saber qué diría una autopsia como Dios manda. Prueba conmigo si tienes huevos. Ya veremos quién es más letal, si tus pulmones de soprano gerontófila o mi mástil recauchutado. El Replicante. |

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Amigo Daniel. ¿Qué puedo alegar en mi descargo? ¿Que no me puedo resistir a su invitación subliminal a publicarle? Porque si lo que espera es que me justifique por mis gustos va usted listo. Yo no tengo mal gusto para el vino. Sencillamente, no lo tengo. En cualquier caso le agradezco su mensaje. En primer lugar por su exquisita factura, y en segundo, por la lección aprendida. No volveré a dejarme tentar por la sonoridad de un término que me es ajeno la próxima vez que tenga que ponerle palabras a mi alegría. Prometo que seré honesto y confesaré lo que realmente hago en esos casos: pajearme con una botellita de popper recién desprecintada, que es como celebro yo las grandes ocasiones. De esta manera no me meteré en berenjenales de los que sólo puedo salir escaldado y en actitud impropia de un caballero. Por cierto, sé que es una temeridad por mi parte, pero no me resisto a adelantarle que mi marca favorita de popper es Rush. Soy consciente de que en el extranjero los hay mucho mejores, pero a partir del momento que acepto sus servicios como Pigmalión y por más que se empeñe usted en asegurarme lo contrario, presiento la necesidad de moderar mi presupuesto. Por lo demás, le rogaría que no fuera tan duro en sus juicios de valor sobre mi excuñado. Ocupó ese puesto durante tres escasas semanas, de manera que no tuvimos tiempo ni de compartir una lata de mejillones. Mi hermana lo sustituyó con tal celeridad porque, cito textualmente, le paraba. Resulta que el chico, pese a esos tres mil euros que cobraba, tenía demasiado apego a sus raíces, y no terminaba de tomar la decisión de abandonar su barrio natal, Aluche. Y aunque lo hubiera hecho, hay estigmas que no los borra una mudanza, qué le voy a contar. Irene tampoco está muy puesta en vinos, pero es muy suya para según qué cosas. Ahora sale con el hijo de un torero, de momento sin referencias que avalen su criterio enológico, que parece no pararle en absoluto.El Replicante. |